Éxito en acción

Consejos para que no te conviertas en un mal líder

El líder de hoy en día está orientado a ser más un manager que impulse y desarrolle las capacidades de cada miembro de su equipo. Otorgándoles un crecimiento tanto personal como profesional, trayendo como resultado un equipo entero destinado al éxito.

Existen diferentes tipos de liderazgo que podemos ver en distintas áreas y lugares de trabajo. Sin embargo, no todos son buenos. Por lo que debemos estar atentos de tomar los ejemplos positivos y de ser el caso, asumir un liderazgo de calidad. De lo contrario, pudiera llevarnos a un fracaso.

¿Qué te pudiera convertir en un mal líder?
  • Ser insensible:

    Cuando no existe empatía, las personas pudieran llegar a sentirse incómodas y hasta desconfiadas contigo. No esperes a que eso suceda. Evita mostrarte desentendido de sus necesidades, al contrario, muéstrate atento y ofréceles tu ayuda. La clave está en ser un líder humano y no una máquina de mando.

  • Un mal lenguaje corporal:

    Aunque parezca mentira, muchas veces podemos convertirnos en una barrera para los demás si nuestra postura, manera de hablar o expresiones faciales no son las más adecuadas. Todos podemos tener un mal día pero el líder tiene la responsabilidad de aportar ese “esfuerzo extra” para transmitir energía, respeto y bienestar. Una sonrisa te ayudará a romper el hielo.

  • Deterioro de tu físico:

    Un líder que sabe cuidar su cuerpo, demuestra que puede cuidar cualquier responsabilidad que deba asumir. Aunque no lo es todo, el aspecto físico es muy importante porque puede dar señales de orden, higiene, creatividad y por supuesto, personalidad. De nuevo, es un “plus” que debe tener todo líder para que aún en los momentos difíciles sepa sacar lo mejor de sí.

  • Un mal carácter:

    El carácter es la capacidad de reacción ante cualquier circunstancia que se presente. Se resume en la manera de pensar y actuar de cada persona. Si no es asumido de manera positiva pudieras deteriorar el ánimo de tu equipo, lo que traería como resultado: apatía, frustración y en el peor de los casos, rebeldía.

  • Falta de feedback:

    Las personas necesitan saber si están haciendo bien su trabajo y qué pudieran mejorar. Cuando esto no ocurre es probable que pierdan el rumbo y exista el riesgo en donde “terceros” se involucren para debilitar a tu equipo. La motivación y planteamiento de retos ayudará a que tu equipo quiera estar constantemente mejorando y así generar buenos resultados.

  • El autoritarismo:

    Si no le das a tu equipo opciones y alternativas para encontrar soluciones, entonces no podrán demostrarte cuán versátiles pueden ser en su trabajo. Cuando se impone constantemente decisiones sin antes plantearlas y escuchar lo que ellos pueden aportar, habrás ganado un título de autoritario y no de líder.

  • Transmitir miedo:

    Recurrir al miedo como presión para obtener mejores resultados solo traerá mayores obstáculos en el camino. Esa terrible sensación de estar maniatado es lo que bloquará a tu equipo y generará tensiones innecesarias. Así como falta de confianza hacia ti y poca comunicación. Por el contrario, haz que se sientan libres pero en el carril y verás como cambia todo.