Vivir Viviana

Vivir Viviana

Crianza en tiempo de crisis

Como mamá, al igual que ustedes, soy parte de la difícil situación que está atravesando el país. Veo que mis hijos se sienten afectados. En este momento en el que tenemos que estar en las calles, como madres también nos toca buscar un equilibrio para estar con nuestros hijos en casa y atender sus inquietudes y necesidades.

Me he dado cuenta lo necesario que son los espacios que nos permitan comunicarnos. Para mí ha sido muy útil preguntarles qué piensan sobre lo que escuchan y ven. Esto nos permite identificar  cómo se sienten.

Créanme que se sorprenderán por lo informados que están.  En el colegio conversan con sus compañeros, escuchan a sus maestras y a los padres de otros niños. Cuando están en casa escuchan  qué decimos y cómo lo decimos.

En los momentos difíciles es cuando más necesitamos comunicarnos con nuestros hijos.

 

A pesar de la lucha que, día a día, sostengo en las calles tengo que ocuparme de mis hijos. Ello implica estar presente, que me sientan cerca para aclarar sus dudas, temores, ansiedad que no saben expresar con palabras; pero sí con su comportamiento. He notado que en estos últimos días están más inquietos, no quieren estar solos, insisten en dormir conmigo, no desean ir al colegio, tienen resistencia para hacer sus tareas en las horas acordadas porque su estado anímico les impide concentrarse. Eso que parece flojera, desánimo, rebeldía puede ser la forma de decirnos: “Mami, papi, siento miedo”.

Sebastián me dijo el otro día: ¡“Mamá tengo que llevar un casco al colegio”!. Sorprendida le pregunté: “¿Y eso?”. Me respondió: “Bueno, para protegerme de las bombas”. Nunca he hablado en la casa sobre ese tema; pienso que en el colegio tampoco, en algún lugar lo escucharon. Si para nosotros no es normal; mucho menos para ellos.

En circunstancias como estas es cuando más necesitan de nuestras expresiones de afecto, abrazos, besos, sentirse escuchados. Es importante transmitirles que, a pesar de todo lo que está sucediendo, mamá, papá, están ahí para protegerlos y brindarles seguridad.

A pesar de su edad captan cómo nos sentimos. Debemos evitar perder la paciencia y castigarlos innecesariamente por no poder controlarnos. También nosotras necesitamos tener a alguien con quien desahogarnos. Debemos evitar hacerlo con ellos.

Cuando hablo con mis hijos trato de hacerlo de forma directa y sencilla. No ahondando mucho en los detalles; pero decirles lo que está pasando es importante. Ellos captan cuando estamos evitando hablar del tema. Recordemos que si no lo hacemos nosotros. Otros lo harán.

Recordemos que con su imaginación pueden construir imágenes o pensamientos que los llenen de miedo. Por ello es importante expresarles cuál es la realidad. Siempre tomando en cuenta su edad. Lo que si no es conveniente  es aislarlos en una burbuja. En mi caso aprovecho estos momentos para explicarles por qué voy a las marchas, cuál es el país que me gusta, en el que creo y en el que quiero que ellos vivan.

La forma más práctica de poder comenzar la comunicación es, preguntarle por ejemplo, ¿Qué piensan de las marchas? Parafrasear lo que dicen permite que se sientan escuchados. Además pueden percibir que valoramos su opinión y esto les refuerza su autoestima.

Sé que todas necesitamos estar informadas, saber lo que está pasando; pero debemos equilibrar la información. Es necesario evitar exponerlos a imágenes violentas o noticias que los puedan estresar y angustiar. (Cuidado con el celular) ellos escuchan y ven todo aunque no parezca.

No es fácil; pero debemos mantener las rutinas en la casa. Especialmente en los momentos para comer, jugar, ir a la cama. A toda costa debemos evitar que el clima caótico que se vive afuera, se apodere de nuestro hogar.

Es importante que sientan que las cosas van a cambiar. Eso les da seguridad. Recordemos que no tienen ni nuestra edad, madurez ni experiencia para procesar lo que estamos viviendo. Con nuestras expresiones de afecto se sentirán comprendidos y amados.

Un tema polémico es si debemos o no mandarlos a la escuela. Cada familia debe decidir qué es lo más conveniente. Lo ideal sería que pudieran retomar sus actividades escolares lo antes posible. Eso les permite intercambiar con otros niños, jugar, darle continuidad a sus actividades académicas, deportivas y preservarlos emocionalmente. Sin embargo, la realidad de conflictividad que vivimos impone condiciones que no se pueden obviar. Hay lugares donde la represión es fuerte y puede poner en riesgo su integridad física. Lo ideal es que la comunidad educativa pueda implementar estrategias para que las familias que no quieren o no puedan enviar sus hijos al colegio puedan mantenerse activos desde las casas con asignaciones escolares que les permita mantener el vínculo aún a distancia. En estos momentos la flexibilidad es necesaria, por parte de los colegios; pero también de las familias.

Ser niño no es fácil y en estos tiempos menos…